A un año de su inauguración, el Comedor Comunitario UMaza se consolida como un espacio de encuentro, estudio e integración

06 Abr 2026

Este 4 de abril se cumple el primer aniversario de la inauguración del Comedor Comunitario de la Universidad Maza, un espacio que, desde su apertura, se ha consolidado como un lugar fundamental para la vida universitaria y para el bienestar de los estudiantes.


Ubicado en el patio norte de la Sede Gran Mendoza, en Guaymallén, el Comedor Comunitario fue inaugurado el 4 de abril de 2025, en el marco de un emotivo acto que reunió a autoridades, empresarios e invitados especiales. La obra, largamente anhelada por la comunidad educativa, fue posible gracias al generoso aporte de las familias David y Bernardi, a través de sus empresas Oscar David y Grupo LTN Friolatina.

A un año de aquel momento tan significativo, el balance es ampliamente positivo. Durante este tiempo, el comedor ha sido intensamente utilizado y profundamente valorado por los estudiantes y por la comunidad universitaria en general. A diario, cientos de jóvenes lo eligen para realizar sus comidas, compartir tiempo con compañeros y estudiar en un entorno cómodo, cálido y adecuado para acompañar sus jornadas académicas.

Además de cumplir con su función principal como espacio de contención y encuentro, el comedor ha ampliado su sentido dentro de la vida institucional. En estos doce meses, también ha sido escenario de múltiples actividades académicas y recreativas, entre ellas charlas, encuentros, capacitaciones y diversas propuestas orientadas a fortalecer la formación, la integración y la participación estudiantil.

El edificio cuenta con 102 metros cuadrados de superficie, distribuidos en un amplio salón comedor de 80 m², cocina y dos baños con antebaño compartido. Su construcción se concretó en apenas 90 días y representó una respuesta concreta a una necesidad histórica de la Universidad: brindar un espacio confortable a aquellos estudiantes que pasan largas horas en la institución y que, hasta entonces, no contaban con un lugar apropiado para realizar sus comidas o permanecer entre clases.

La directora del Programa de Desarrollo Institucional, Laura Horta, destacó el valor que el comedor ha tenido durante este primer año: “Este espacio no solo respondió a una necesidad concreta de nuestros estudiantes, sino que además se transformó en un verdadero punto de encuentro para la comunidad universitaria. Verlo lleno todos los días, siendo aprovechado para comer, estudiar, compartir y participar de actividades, confirma la importancia de haber impulsado este proyecto”.

La concreción de esta obra se dio en el marco del trabajo promovido por el Programa de Desarrollo Institucional y de la conformación, el 6 de junio de 2024, de la Comunidad Filantrópica de la Universidad Maza, un espacio desde el cual empresarios y personas solidarias comenzaron a colaborar con el fondo de becas y con proyectos destinados a mejorar las condiciones de los estudiantes con mayores necesidades económicas.

Desde su origen, el Comedor Comunitario se pensó como una obra con fuerte impacto social y también con criterio sustentable. La empresa Fonther, responsable de su ejecución, desarrolló un sistema de construcción en seco con utilización de productos LTN, elaborados por Grupo Friolatina, aplicando materiales reciclados y soluciones constructivas eficientes. Para las fundaciones y la impermeabilización de los muros, por ejemplo, se reutilizaron más de 400 neumáticos.

También colaboraron en la concreción de este espacio distintas empresas e instituciones: Ultra Tex tuvo a cargo la pintura interior y exterior del edificio; Idea Amoblamientos proveyó el equipamiento de cocina; SEGAR S.A. donó las mesas y sillas del comedor; y la Ing. Jorgelina Freire, de Estación Verde, trabajó en el reacondicionamiento del espacio exterior, jardines y canteros. A su vez, otras firmas y personas realizaron aportes en insumos y servicios, acompañando esta iniciativa solidaria.

A un año de su inauguración, el Comedor Comunitario reafirma el valor de la articulación entre universidad, empresa y comunidad, y se presenta como un claro ejemplo de cómo la solidaridad y el compromiso con la educación pueden traducirse en obras concretas, sostenibles y de alto impacto para la vida de los estudiantes.